Puede ser burla, odio o traición,
pero lo que sí es seguro, es que es la justificación para una fiesta barrial,
de tomarse unos tragos, quemar pólvora y reír de la vergüenza de algún vecino,
que mediante un testamento, salen a relucir quién es en realidad, en la quema
de Judas del domingo de resurrección en la Cabecera Municipal.
Su gorra que acostumbra usar, la
playera de marca dominguera, incluso sus herramientas de trabajo -si es
mecánico, profesor, albañil o ladrillero-, son montadas junto con una pancarta
que reza la identidad de la persona en un pequeño mono hecho a base de papel
periódico, carrizos y decenas de cuentas que cuelga afuera de su vivienda, en
la esquina de su barrio donde acostumbra a salir o en todo caso, frente al
depósito de cervezas donde acostumbra estar con sus amigos y conocidos,
aquellos que para ese día ven cómo el Judas que entregó a Jesús de Nazaret a
los judíos, arde en llamas.