Las fiestas del patrono de San Miguel Cuyutlán, arcángel que venció a lucifer y lo envió al infierno por no obedecer a Dios, se celebran cada año, entre la lluvia, el baile y el goce de beber alcohol, pretexto para algunos que usan de ring nocturno la plaza pública de esta delegación.
Aunque la procesión religiosa inicia en el atardecer, este es un acto de fe que sólo se limita para los habitantes de esta población. Porque cuando cae el sol y comienza la instalación de sonidos, luces, micrófonos, el acto religioso pasa a tercer plano, el sonido de las tamboras, trompeta, genera sombra al patrono de este lugar, ya que centenares de habitante de zonas aledañas llegan a este sitio para bailar entre la lluvia como si se tratará de otra manifestación de culto al patrono de esta población.
Adiós motherfucker, “¿Cuántos vas a querer y de qué sabor”. No es una ofensa de un hijo ausentes, sino el nombre de una bebida alcohólica, preparada con licor de sabores, hielos, agua minera y vodka (mucho vodka) -si es Oso Negro, mejor-, por tan sólo 50 pesos. Es el nuevo deleite entre los jóvenes etílicos que acuden al baile, aunque también están los Vampiros -tequila con sangrita-, las micheladas y hasta una simple cerveza.
Por Aarón Estrada
