viernes, 6 de septiembre de 2013

Patrimonio arqueológico en peligro de desaparecer

Los fraccionamientos los invaden, los litigios agrarios los fragmentan, los nuevos vecinos los destruyen; y los más oportunistas los saquen para vender las piezas y figurillas que dentro de esas piedras encuentran, esta es la trama constante de extinción que sufren más de 21 sitios arqueológicos que se localizan dentro de Tlajomulco, donde las autoridades responsables, poco hacen por resguardar y preservar estos sitios prehispánicos.

Samuel Moya Rodríguez, es la voz en el desierto que durante 32 años ha solicitado que se proteja este patrimonio histórico que tiene el Municipio, pero que en muy poco ha sido escuchado.
Por Aarón Estrada


El Maestro de profesión y arqueólogo empírico por vocación, ha documentado durante gran parte de su vida la existencia de al menos 21 sitios donde se presume hubo asentamientos de culturas indígenas del año 300 d.C hasta 1600, pasada la conquista española al occidente de México. Su primer descubrimiento fue el petroglifo La Roseta de San Agustín en 1975.

Uno de los responsables es el crecimiento demográfico, “Está llegando gente de todos lados, utilizan estos espacios para diversión, otros llegan y abren caminos incluso donde se presume eran juegos de pelotas o grandes patios, mientras que en otro casos es el tema de la inseguridad lo que nos ha alejado de ir a limpiar y conservar estos espacios”.

Cuando ha acudido a limpiar estos espacios o a tomar fotografías para su estudio, se ha encontrado con grupos de seguridad privada y civiles que le prohíben el paso, sin llegar a las amenazas “Nos han dicho que ya no podemos pasar, mientras que otros nos han permitido pasar, pero como propietarios nos dicen -¿Yo que ganó con eso que usted hace?”.

Todas estas situaciones legales limitan la preservación de estos espacios, todo lo que sale en los medios -en el tema de inseguridad-  “Lo vives y sabes que es cierto, el riesgo es latente”, por estas circunstancias, Samuel Moya se ha alejado de alguno de estos espacios.

A la par, se suma el desinterés que ha mostrado en años recientes el Instituto Nacional de Antropología e Historia  (INAH) delegación Jalisco, para investigar y realizar trabajos de exploración y resguardo de estos sitios.

El entrevistado asegura que durante más de tres décadas, ha recibido en su casa a más de cinco comisiones de expertos en el tema por parte del INAH, “Incluso en una de ellas vino Lorenza, antes de que fuera funcionaria -hoy delegada del INAH en Jalisco-, ella vio el petroglifo, conoció el riesgo, pero nunca hubo resultados”. Roseta ubicada en el fraccionamiento Lomas de San Agustín, que en 2008 fue dañada con grafiti por un desconocido.

Todo comienza en La Loma de El Cortijo
Durante estos años, Samuel Moya junto vecinos de San Agustín, han logrado recuperar más de cuatrocientas figurillas y piezas halladas en los cerros, ubicados en San Agustín, San Sebastián, Cabecera Municipal, incluso en las faldas del Bosque de La Primavera, pero los más grandes hallazgos y las primeras piezas encontradas, fueron descubiertas inicialmente en el cerro La Loma, donde se presume se encuentra una pirámide, hoy propiedad privada y que forma parte del desarrollo residencial El Cortijo.

Es precisamente en El Cortijo, el ejemplo más claro del desinterés que muestran autoridades y el daño que hacen fraccionamientos y vecinos a estos vestigios autóctonos.

Construido a principios de los noventas, este desarrollo habitacional tiene en la parte alta, una Loma que sobre sale del resto del cerro, con estructuras propias, que fue loteado, porque se encontraba dentro del predio.

Los dueños del lugar, asegura Juan Moya, en su interés por preservar el sitio y sin consentimiento del INAH, colocaron escalinatas y mampostearon parte de su estructura superior, “Sin tomar en cuenta las repercusiones que eso traería”, recalcó.

Sobre este espacio, añade: “Ahí está cierto que hay una construcción, pero todavía no podemos afirmar -por falta de estudios profesionales- si se trata de una pirámide, plazoleta o monolito, pero como te digo, siempre ha sido saqueada”.

Respecto a los saqueos, el profesor documenta al menos tres, que se han generado en los últimos quince años. La Lomita de El Cortijo, fue el primer espacio al cual se le pidió la intervención del INAH desde los años noventa,  pero “Nos han dicho lo de siempre, no hay recursos, no hay a quien mandar”.

Piezas bajo amenaza
Es en este sitio donde la familia de Samuel encontró más de 500 figurillas que fueron inventariadas por el INAH en 2002, las cuales están registradas bajo su resguardo de manera oficial.

En 2009, en mutuo acuerdo con el Ayuntamiento -durante la administración de Antonio Tatengo Ureña-, la mayoría de estas piezas fueron prestadas, para exhibirlas en el Museo Arqueológico de San Agustín, pero fue hasta el año 2010, con la entrada del Gobierno encabezado por Enrique Alfaro Ramírez, donde se le dio mayor proyección al sitio, reconoció.

Sin embargo, hace meses que tras una visita que el realizó al propio museo, se percató que decenas de piezas que no forman parte de la exhibición, se encontraban alojadas en una pequeña bodega compartiendo un diminuto espacio junto con artículos y líquidos de limpieza, por lo que solicitó la intervención del Instituto de Cultura, Recreación y Deporte.

Lo que hice al ver esa situación fue en primer lugar checar cuáles piezas se encontraban dentro de esa caja y bolsas, pero me fue imposible inventariar las figuras, puesto que unas son muy diminutas y el espacio es inadecuado, donde cualquier persona puede acceder para sustraerlas, por eso es el riesgo”, relata.

A raíz de esta situación, después de varios intentos, Samuel Moya, logró establecer un diálogo con Juan Carlos Cornell, titular del ICRD y Víctor Castillo, Jefe de Cultura, “Ellos de manera muy adecuada se comprometieron darle un resguardo especial a las piezas, dijeron que me invitarían para hacer ese inventario, incluso escucharon mis sugerencias para poder darle más vida al museo”, subrayó Moya.

Pero a quince días de haberse acordado mejoras, el prestador de estas piezas expresó que no ha visto cambios, ni mejoras, “No me han hablado, honestamente ya no me quiero parar en el museo, no quiero ni saber que faltan algunas de estas figuras”.

Una zona mayor a Guachimontones
Como conclusión, el protector de estos sitios argumenta que de acuerdo a los hallazgos, lugares descubiertos y lo poco documentado, “Aquí floreció una de las culturas indígenas más importante del occidente de México”.

Prueba de sus señalamientos, dice, se encuentra en el predio Los Saucillos -zona colindante con Tala en el oriente del municipio-, hemos encontrado plazoletas y montículos más grandes que todo Guachimontones.

Tanto las piezas que fueron rescatadas hace décadas, que desde 2009 fueron colocadas por la familia Moya Rodríguez para exhibirlas a todo el público, sufren las mismas circunstancias de desaparición al igual que los montículos que yacen sobre diversas laderas, cerros y montañas de Tlajomulco.

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